Actividad Física la auténtica polipíldora: ¿por qué?

Actividad Física la auténtica polipíldora: ¿por qué?

Actividad Física la auténtica polipíldora: ¿por qué?

autoría: Alex González, 

La evidencia científica cada vez es mayor y más tajante, en que en muchos casos la Actividad Física (AF) tiene un rol comparable e incluso mayor a la prescripción de medicamentos, en la prevención y tratamiento de más de 40 patologías crónicas no transmisibles, tales como obesidad, cardiopatías coronarias, ictus, diabetes tipo II, hipertensión, cáncer, depresión, Alzheimer y osteoporosis entre otros.

Además de esto, la AF es el principal componente para la mejora de la función en sujetos ancianos. Esto ha llevado a que algunos investigadores la lleguen a denominar como la auténtica polipíldora (3,5).

Sin embargo, ¿cuáles son los mecanismos que están detrás de estos beneficios a nivel sistémico?

En este post trataremos de presentar de una manera sencilla los procesos fisiológicos a través de los cuáles se produce este efecto. 

Cómo ya citamos en un post anterior, nuestra evolución como humanos ha estado hasta hace pocos siglos unida al movimiento para garantizar nuestra supervivencia en un entorno donde escaseaba la comida. Así, el movimiento produce en nuestro cuerpo unas adaptaciones a nivel muscular y aeróbico para conservar la energía de forma más eficiente (a través en mayor medida de la grasa y no tanto del glucógeno) lo que a su vez tiene un potencial beneficio en la prevención de patologías crónicas que hoy en día sufre la mayoría de la población.

En contrapunto, el sedentarismo y en general el ambiente obesogénico en el que vivimos hoy en día producen maladaptaciones en el organismo que nos llevan como resultado a las típicas patologías crónicas que ya conocemos.

Para entender cómo la AF nos protege de estas patologías, primero debemos conocer qué pasa en nuestro cuerpo cuando somos personas sedentarias y acumulamos grasa.

El tejido adiposo, a pesar de lo que se pensaba hasta hace poco, no es simplemente un depósito de energía, si no que también tiene una función endocrina. Así, cuando este tejido crece en exceso, como en el caso de la obesidad, se promueve la secreción de una serie de adipoquinas pro-inflamatorias y una inhibición en la secreción de adipoquinas anti-inflamatorias , que tienen como resultado una inflamación sistémica de bajo grado (ISBG) (1, 2, 4).

Las evidencias hasta la fecha nos hablan de que esta ISBG debilita nuestro sistema inmune, que trata de hacer frente a ella constantemente sin solucionarla (2, 4).

Debido a que ante la falta de energía nuestro organismo prioriza el que el cerebro y el sistema inmune estén bien abastecidos, nuestro cuerpo llevaría a cabo un mecanismo compensatorio generando resistencia a la insulina en vísceras y músculos, como mecanismo de supervivencia para dar más energía al sistema inmune, el cual está en constante lucha contra la ISBG. Este hecho unido a malos hábitos alimenticios y más sedentarismo acabaría derivando en una posible diabetes tipo II (1, 2, 4).

Además, también se ha evidenciado que alguna de estas adipoquinas tendría efectos negativos en la producción de óxido nítrico, y por tanto favorecerían el riesgo de padecer hipertensión arterial (4).

Estas evidencias están haciendo pensar que esta ISBG pueda estar detrás del mecanismo fisiopatológico de la aterosclerosis, siendo un importante factor de riesgo de Cardiopatía isquémica (4).

Bueno, y después de esta chapa médica, os preguntaréis qué papel juega la AF en todo esto.

En este sentido, la AF viene a darnos buenas noticias y ha ofrecernos una solución sistémica a este complejo proceso patológico antes descrito.

Al igual que en los últimos años se ha evidenciado que la grasa tiene un papel endocrino, lo mismo ha ocurrido con el músculo que ha pasado de ser visto como un mero sustentador de la postura y generador de movimiento a ser tratado como un auténtico regulador del organismo a nivel endocrino. De este modo, el músculo al contraerse produce otra serie de citoquinas, en este caso denominadas mioquinas, que en muchos casos promueven mecanismos anti-inflamatorias, bien por vía directa o por el producir un aumento en la secreción de adipoquinas anti-inflamatorias, antagónicas a las adipoquinas segregadas en presencia de obesidad (3,5).

Estas mioquinas serían por decirlo de una manera coloquial los ingredientes de la polipíldora que supone la realización de AF regular. Estas tienen funciones muy diversas en todo el cuerpo y no todas se producen bajo las mismas condiciones de ejercicio.

A continuación enumeramos las principales mioquinas que se conocen hasta la fecha, cuál es su función y qué tipo de ejercicio las produce en mayor medida (3,5):

  • IL-6: el ejercicio aeróbico de alta intensidad, sin excesivo daño muscular maximiza su secreción, además de la realización de ejercicio aeróbico con reservas de glucógeno bajas. Favorece el aumento muscular y la oxidación de las grasas y también promueve la secreción de citoquinas anti-inflamatorias en otros tejidos, además de inhibir a la adipoquina inflamatoria TNF-?.
  • IL-7: el ejercicio de fuerza estimula su secreción y tiene efectos anti-inflamatorios.
  • IL-8: se estimula principalmente a través del ejercicio aeróbico moderado de larga duración y tiene un efecto de aumento del número de capilares, mejorando en consecuencia la irrigación del organismo.
  • IL-15: esta mioquina promueve la creación de tejido muscular a la vez que inhibe su destrucción y también  tiene un papel anti-obesogénico al inhibir la acumulación de grasa. Es principalmente secretada a través del trabajo de la fuerza.
  • BDNF: en si no es una mioquina propiamente dicha, pero el ejercicio aeróbico y sobre todo el de alta intensidad hacen aumentar las concentraciones de esta citoquina secretada por el tejido nervioso. Cada vez está siendo más estudiada y es probablemente una de las moléculas que explique los beneficios del ejercicio a nivel cognitivo y en el tratamiento de la ansiedad, depresión y enfermedades neurodegenerativas. ¿Aeróbico de alta intensidad y mejorar función cognitiva? Tal vez nuestros peques deberían jugar más en la ikastola...
  • SPARC: esta mioquina activada sobre todo a través del entrenamiento de fuerza tiene un importante papel en la regulación del metabolismo de la glucosa y en la inhibición de las células cancerígenas en el colon.
  • Iriscina: puede favorecer la conversión de tejido adiposo blanco en grasa parda; teniendo un importante papel en la prevención de obesidad y diabetes.
  • LIF: secretada en mayor medida por el ejercicio de fuerza, previene la pérdida de masa muscular; muy interesante su estudio en la prevención de la sarcopenia.

CONCLUSIONES FINALES:

Si quieres que la máquina que es tu cuerpo funcione de manera correcta, y así reducir el riesgo de padecer alguna de las patologías antes descritas, o si ya la sufres y quieres mejorar tu situación, en primer lugar muévete más y además hazlo de diferentes maneras.

Como hemos visto estas mioquinas no se activan todas con el mismo tipo de ejercicio. Así que si quieres conseguir los mayores beneficios posibles no sólo camines, corras, andes en bicicleta o hagas pesas, si no que combina varios de estos tipos de AF u otros. Dice el dicho que en la variedad está el gusto y en este caso también tu salud.

Además, acompaña esta AF con una alimentación saludable, ya que potenciarás los efectos de la misma.

Ánimo y a por ello, zuek ere #PertsonaAktiboak izan ahal zarete!

Bibliografía:

  1. Bluher M. Adipose tissue inflammation: A cause or consequence of obesity-related insulin resistance?. 130: 1603-1614, 2016.
  2. Chen L, Chen R, Wang L, Fengxia L. Mechanisms Linking Inflammation to Insulin Resistance. Int Journal of Endocrinology, 1: 2015.
  3. Fiuza-Luces C, Garatachea N, Berger N,Lucia, Alejandro. Exercise is the Real Polypill. Physiology 28: 330-358, 2013.
  4. León-Pedroza JI,González-Tapia LA, Olmo-Gil E, Castellanos-Rodríguez D, Galileo Escobedo G, González-Chávez A. Low-grade systemic inflammation and the development of metabolic diseases: From the molecular evidence to the clinical practice. Cirugía y Cirujanos, 83(6): 543-551, 2015.
  5. Pedersen BK, Akerstrom TC, Nielsen AR, Fischer CP. Role of myokines in exercise and metabolism. J Appl Physiol 103: 1093-1098, 2007.
Euskadi, bien común